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La mano loca

La mano loca

¿Qué ha pasado? ¡La Mano Loca ha llegado!

Chap! Un sonido, y una décima de segundo después, el folio de tu pupitre ha desaparecido.

¿Quién no se acuerda de una de las mayores invasiones en los colegios de todas partes, incluso en más de una generación?

Un poco de goma y un poco de colorante bastaban para crear este maravilloso y al mismo tiempo problemático juguete (maravilloso para nosotros, problemático para nuestras madres).

Allá por los últimos 80 llegó la primera versión de “La Mano Loca”, un poco más densa y pequeña que las versiones posteriores, pero fue la encargada de abrir camino. Azul, roja, amarilla… Cualquiera de los colores era el idóneo para molestar a la compañera de al lado, hacer guerras hasta que quedaban irremediablemente enredadas o tirarlas contra la pared, donde quedaba impregnada su marca cual palma de Buda.

A 25 pesetas estaba en los kioscos. Precio muy asequible para que con nuestro poco poder adquisitivo de entonces pudiéramos comprarlo a escondidas de nuestros padres, gastando la paga de los domingos.

Este objeto del infierno tenía un poder adhesivo tan grande que, si estaba recién abierto, podría quedarse pegado en ese techo del pasillo del colegio durante años.
En mi colegio había tres o cuatro que aguantaron muchos años generando su propio ecosistema, incluso después de haber empezado la secundaria.
Ese era su poder, el poder de enganchar papeles, polvo, pelusas y pelos de nuestra hermana, de engancharnos a nosotros.

Su uso era limitado.

Como si de un juego de rol se tratase, iba perdiendo poder con cada ataque, hasta llegar a un punto en el cual las pelotillas hacían imposible que sus incursiones fueran efectivas. Para esto el mito decía que una pócima creada con mistol y agua podría hacer recuperar parcialmente el poder de nuestro objeto de satanás. El truco funcionaba bastante bien, aunque solo durante tiempo limitado, llegando al punto de romperse poco a poco. Pero no había problema! Porque por 5 duritos tendríamos una nueva.

Más adelante llegaron otras generaciones, con los Cheetos y los Phoskitos, que consistían en una mano y un pié, mucho más grande, elástico y pegajoso. Y por último llegarían bichos, mocos y todo un sinfín de abominaciones del averno.

Este juguete resume en sí mismo muchísimas cosas que nos definen y de las cuales hablaremos en este blog. Nuestra época, nuestra infancia, travesuras, amigos, pesetas… pertenecer a otro mundo que tanto ha cambiado. Por estas razones y por otras creamos Mano Loca, para traerte este tipo de sensaciones de vuelta hasta hoy. Para engancharte con ese caracterísitico sonido, pegarte a nosotros e impregnarte de nostalgia.